EL BLOG DE MIGUEL

Mis inicios

Recuerdo mis primeros días en el mundo de los PORTES, un trabajo que parecía simple pero que escondía una serie de retos y aprendizajes. Todo comenzó en el año 1.985 , cuando decidí comprarme una furgoneta ya que  necesitaba un empleo 

El primer día estaba lleno de nervios. Me presenté en una empresa de paquetería, donde me asignaron una ruta y un mapa que apenas sabía leer. La idea de perderme por la ciudad era aterradora, pero la emoción de comenzar algo nuevo superaba mi incertidumbre. Mi primera entrega fueron unos paquetes que debía llevar a una tienda local. Recorrí todas las calles de Oviedo hasta dar con el cliente, cada giro y cada esquina me parecían un desafío

A medida que pasaban los días, fui aprendiendo a manejar mejor la furgoneta y a planificar mis rutas. Las primeras semanas fueron agotadoras; los horarios eran irregulares y había momentos de mucha presión. Sin embargo, pronto descubrí que el trato con los clientes era lo que realmente me motivaba. Desde personas mayores que necesitaban ayuda con sus compras hasta empresarios que dependían de mis entregas, cada encuentro traía su propia historia

Con el tiempo, fui ganando experiencia y confianza. Empecé a desarrollar una red de contactos y a entender las dinámicas del sector. Los imprevistos, como el tráfico o las direcciones equivocadas, se convirtieron en parte del juego. Hacer PORTES no solo me enseñó a ser más responsable y organizado, sino que también me mostró la importancia del servicio al cliente y la satisfacción personal de ayudar a otros

Mirando hacia atrás, aquellos inicios en el mundo de los PORTES no solo fueron el comienzo de un empleo, sino el inicio de un camino lleno de oportunidades y aprendizaje continuo. 

Mi primera furgoneta
Mi primera furgoneta

La puntualidad

El tiempo es lo único que no recuperamos. Valoro la puntualidad porque demuestra respeto por el tiempo de los demás y la seriedad con la que se toman los compromisos. Ser puntual no es solo llegar a tiempo a una cita, sino también cumplir con los plazos establecidos y ser predecible en nuestras acciones. Esta cualidad, aunque a veces subestimada, es fundamental para construir relaciones de confianza sólidas, tanto en el ámbito personal como en el profesional. 

El valor del respeto

El respeto es un pilar fundamental en cualquier relación humana, ya sea personal, profesional o social. Cuando demostramos respeto hacia los demás, estamos reconociendo su valor, sus opiniones y sus derechos. Este acto de consideración mutua crea un ambiente de confianza y entendimiento, donde las personas se sienten seguras para expresarse y ser ellas mismas.

 Al mostrar respeto, invitamos a los demás a hacer lo mismo con nosotros. Cuando somos respetuosos en nuestras interacciones, en la forma en que hablamos, en cómo tratamos a los demás y en cómo valoramos sus diferencias, es mucho más probable que recibamos ese mismo trato a cambio. Esto no solo mejora la calidad de nuestras relaciones, sino que también contribuye a una sociedad más armónica y constructiva

El peaje del Huerna

El peaje del Huerna, situado en la autopista A-66 que conecta Asturias con la meseta, es conocido por ser uno de los más caros de España. Esto se debe principalmente a la longitud y la complejidad del túnel que atraviesa la cordillera Cantábrica, además del mantenimiento constante que requiere esta infraestructura. Aunque su precio puede parecer elevado para muchos conductores, el peaje permite una vía rápida y segura en comparación con otras opciones más lentas y sinuosas en la zona. Para quienes viajan con frecuencia, existen descuentos y tarifas especiales que pueden ayudar a reducir el coste. En definitiva, el peaje del Huerna representa un gasto a tener en cuenta, pero también una oportunidad para ahorrar tiempo y evitar complicaciones en el camino. Coste 16,20 €

La clienta misteriosa

Era una mañana cualquiera cuando recibí la llamada de una señora que necesitaba transportar unas mesillas de noche y un cabecero de cama en Madrid. Me explicaba, con una voz muy amable pero decidida, que había comprado los muebles en un almacén y quería que se los llevara. Yo, que soy de Asturias, le dije que para tan poca cosa no me saldría rentable ir hasta allí. Le sugerí que llamara a un transportista local, pero ella, que parecía tener paciencia, me dijo que no le corría prisa.

 Entonces le propuse que si yo estaba por Madrid en estos días, podría hacerlo. Al final, llegamos a un acuerdo.
No pasaron ni siete días y, por arte de magia, me salió un viaje a la capital. La llamé para concretar y quedamos en encontrarnos en el almacén. Cuando la vi, me impactó su elegancia. Era una señora de esas que podrían aparecer en una revista de moda, siempre seria, pero con una amabilidad innegable. Me acompañó en la furgoneta, y mientras conducíamos, agradecía lo que estaba haciendo.

Llegamos al destino, nada menos que uno de los barrios más pijos de Madrid. Al entrar en el edificio, noté que tenía un aire de grandiosidad, con un portero que parecía sacado de una película de espionaje. Subí los muebles a su enorme piso y me quedé asombrado. El lugar era un verdadero palacio: muebles antiguos que tenían que valer una fortuna, cuadros de artistas célebres, diplomas colgados en la pared y figuras de mármol y porcelana que brillaban como estrellas. Era difícil no sentirse pequeño en un lugar así.

La señora, aún con esa seriedad, me ofreció un café. Acepté, buscando relajar el ambiente, y comenzamos a charlar. Empecé a contarle sobre mi trabajo, sobre lo complicado que es llegar a fin de mes, mientras ella me escuchaba atentamente. Sin pensarlo, solté: "Usted no tendrá esos problemas, ¿verdad? Con esta casa debe estar forrada". En ese instante, su seriedad se rompió, y sonrió como si hubiera encendido una luz.

Sacó una tarjeta de su bolsillo y me dijo: "Si alguna vez vienes por Madrid y tienes un problema, llámame. Eres un chico muy atento y responsable". Yo, aturdido, miré la tarjeta y casi me caigo de espaldas: ¡era una figura política de alto rango! No puedo revelar su nombre, pero imagina que tenía poder y mando sobre muchas cosas en España, especialmente en Madrid.

Me pagó lo acordado y, para mi sorpresa, me dio 100 € de propina. En un arrebato de humor, le dije: "¿Se quiere usted casar conmigo?". Ella soltó una carcajada que llenó el piso y nos dimos la mano, despidiéndonos como dos amigos. Esa experiencia me dejó claro que en la vida nunca se sabe con quién se está tratando. Aunque sea solo un humilde transportista, puedo terminar llevando más que solo mercancía; a veces, llevo historias increíbles. 

 La Guardia Civil de trafico me da seguridad

Agradecer a la Guardia Civil de Tráfico es reconocer el compromiso y esfuerzo diario de quienes velan por nuestra seguridad en las carreteras. Estos profesionales no solo controlan y regulan el tráfico, sino que también actúan ante emergencias, previenen accidentes y facilitan la movilidad segura de todos los conductores y peatones. 

Mostrar gratitud hacia la Guardia Civil de Tráfico es valorar su dedicación y su papel fundamental en la reducción de siniestros viales. Un simple "gracias" o un gesto amable puede ser un gran reconocimiento a su trabajo, que a menudo se realiza en circunstancias difíciles y bajo presión. 

Además, fomentar una relación de respeto con ellos ayuda a mejorar la convivencia y el respeto en las vías, haciendo que todos lleguemos más seguros a nuestro destino. Nunca está de más recordar que detrás del uniforme hay personas comprometidas con salvar vidas y protegernos.

Personalmente, yo me siento mas seguro cuando me cruzo con ellos

Conducir muchas horas seguidas

Conducir muchas horas seguidas puede ser una experiencia agotadora y, a menudo, peligrosa si no se toman las precauciones adecuadas. La fatiga al volante es una de las principales causas de accidentes de tráfico, y sus efectos pueden ser tan perjudiciales como conducir bajo los efectos del alcohol.

Cuando se pasa demasiado tiempo al volante, el cuerpo y la mente comienzan a resentirse. La concentración disminuye, los tiempos de reacción se vuelven más lentos y la capacidad de tomar decisiones rápidas y acertadas se ve comprometida. Además, la monotonía del viaje y la postura prolongada pueden causar dolor muscular, rigidez y malestar general, lo que a su vez aumenta la irritabilidad y el estrés.

Para mitigar estos riesgos, es fundamental planificar los viajes largos con antelación. Esto incluye establecer paradas regulares cada dos horas o cada 200 kilómetros para descansar, estirar las piernas, tomar un refrigerio ligero y, si es posible, dar una breve caminata. Dormir lo suficiente antes de emprender el viaje es igualmente crucial. Evitar conducir durante las horas en las que normalmente se duerme también puede ayudar a mantener un nivel de alerta mayor.

Si me siento somnoliento, lo más seguro es detenerme en un lugar seguro y descansar. Ignorar las señales de fatiga puede tener consecuencias graves. La seguridad vial es una responsabilidad compartida, y estar bien descansado es uno de los pilares fundamentales para garantizarla.

Viaja conmigo en tu mudanza y disfruta del viaje

Viaja conmigo y disfruta del viaje a tu ritmo. Haremos las paradas necesarias para que no te pierdas ningún momento agradable: desde un café caliente para despertarnos y compartir una charla, hasta una comida para recargar energías. Además, será fundamental detenernos para estirar las piernas, respirar aire fresco y evitar el cansancio. Este viaje no es solo llegar al destino, sino vivir cada instante en el camino, con tranquilidad y buena compañía. Relájate, disfruta del paisaje y aprovecha cada pausa para crear pequeños recuerdos. Así, la ruta se convierte en parte inolvidable de la aventura. ¡Prepárate para un recorrido cómodo, seguro y tranquilo

Podrás fumar en la furgoneta si lo deseas, si traes comida, podrás comer, podrás ver una pelicula, videos musicales o reportajes, la furgoneta es cómoda, segura, moderna con una pantalla TV 

Si llevas a tu mascota, haremos las paradas necesarias para que tu mascota no se estrese o haga sus necesidades

Si tienes dudas o desconfianza, podemos vernos en persona y organizar el viaje, conocerme a mi, ver la furgoneta y responder a tus dudas, sin compromisos, quiero que te sientas segur@ y confiad@ antes de contratar mis servicios

¿Viajar de día o de noche?

Viajar de día o de noche presenta diferentes ventajas y desventajas, dependiendo del tipo de viaje y las preferencias personales. Viajar durante el día permite disfrutar del paisaje, facilita orientarse y suele ser más seguro, ya que hay mayor visibilidad y actividad en las vías. Además, es más fácil acceder a servicios como restaurantes o estaciones abiertas.

Por otro lado, viajar de noche puede ser una buena opción para ahorrar tiempo, especialmente en trayectos largos, ya que permite descansar mientras se avanza. También suele haber menos tráfico, lo que puede hacer el viaje más rápido y tranquilo. Sin embargo, viajar de noche puede resultar más cansado y menos seguro debido a la fatiga del conductor y la disminución de la visibilidad.

En resumen, elegir entre viajar de día o de noche dependerá de factores como el destino, la duración del trayecto y la comodidad personal, equilibrando seguridad, descanso y experiencia del viaje.

Personalmente, yo prefiero viajar de noche

Por el Puerto de Somosierra

La noche se cernía sobre el puerto de Somosierra, un manto oscuro salpicado por el brillo intermitente de las estrellas y la tenue luz de mi faro. El aire fresco de la montaña acariciaba mi rostro mientras la furgoneta  ascendía por la sinuosa carretera. A pesar de la oscuridad, la sensación de paz era abrumadora. El silencio, solo roto por el ronroneo del motor y el ocasional crujido de las ramas, creaba una atmósfera casi mágica.

Recuerdo la concentración necesaria para navegar en esas condiciones. Cada curva, cada cambio de rasante, exigía una atención plena. Las sombras jugaban trucos a la vista, transformando árboles en figuras esquivas y rocas en obstáculos amenazantes. Sin embargo, no sentía miedo, sino una profunda conexión con la naturaleza que me rodeaba. El puerto, despojado de su bullicio diurno, revelaba una belleza salvaje y serena.

Llegar a la cima fue un momento de recompensa. La vista, aunque limitada por la noche cerrada, se sentía inmensa. Un respiro profundo, un instante de contemplación antes de iniciar el descenso, que prometía ser igual de cautivador en su propia oscuridad. Esa experiencia en Somosierra de noche se quedó grabada en mi memoria como un recuerdo imborrable de la majestuosidad silenciosa de la montaña.

No soy tu esclavo

Soy un transportista, no soy tu esclavo
En el mundo del transporte, a menudo se pasa por alto la dedicación y esfuerzo que implica nuestro trabajo. Como transportista, mi misión es garantizar que las mercancías lleguen a su destino de manera segura y puntual. 

Sin embargo, en ocasiones, me siento como si fuera visto únicamente como un medio para un fin, un simple engranaje en una máquina que nunca se detiene.
Es crucial recordar que, aunque mi trabajo implica largas horas y sacrificios, no estoy aquí para ser tratado como un esclavo. Cada carga que transporto lleva consigo un empeño y un sacrificio poco valorado 

Mis días a menudo comienzan antes del amanecer y terminan cuando la mayoría ya está descansando. Esto se traduce en menos tiempo con mi familia y amigos, dejando poco espacio para mis propias necesidades.
Así que, cuando me pidan más de lo razonable, o cuando sientan que debo estar disponible a cada momento, quiero que comprendan:

 Soy un profesional comprometido, pero también tengo límites. Valorizar el trabajo de un transportista significa reconocer no solo la entrega de la carga, sino también la dignidad de quien la transporta. Respetemos eso, porque somos socios en este viaje, no sirvientes. 

La importancia de organizar tu mudanza


Mudarse puede ser una de las experiencias más estresantes en la vida de una persona. Sin embargo, la clave para minimizar el caos y la ansiedad que puede generar este proceso radica en una buena organización.

 Planificar cada etapa de la mudanza es esencial para garantizar que todo transcurra sin contratiempos.
En primer lugar, crear un calendario con fechas clave permite establecer un cronograma claro. Desde el momento de empacar hasta la fecha de la mudanza, cada tarea debe tener su tiempo asignado. Esto ayuda a evitar la acumulación de tareas y a liberar espacio emocional.

Además, clasificar tus pertenencias es fundamental. Desprenderse de objetos innecesarios no solo reduce la carga física, sino que también facilita el proceso de empacar. Una vez que se tiene claridad sobre lo que se necesita llevar, es más sencillo organizar cajas etiquetadas por habitación o tipo de artículo.

En resumen, organizar tu mudanza no solo simplifica el proceso, sino que también transforma una situación potencialmente caótica en una experiencia más manejable y eficiente. 

Sanciones por sobre carga

Cargar más de la cuenta una furgoneta puede traer graves consecuencias, tanto para la seguridad del conductor como para la durabilidad del vehículo. En primer lugar, el sobrepeso afecta directamente la estabilidad y el manejo. Una furgoneta cargada en exceso puede volcarse con mayor facilidad en curvas cerradas o en condiciones climáticas adversas.

Además, el motor trabaja más duro para mover el peso extra, lo que puede provocar un aumento en el consumo de combustible y un desgaste acelerado de los componentes mecánicos. Esto puede llevar a costosas reparaciones y a una vida útil reducida del vehículo.

También es importante considerar las implicaciones legales; cargar más de lo permitido puede resultar en multas y sanciones. Por último, existe un riesgo considerable para la seguridad de otros conductores, ya que un accidente por sobrecarga puede provocar daños a terceros. En resumen, respetar los límites de carga garantiza la seguridad, ahorra dinero y alarga la vida de tu furgoneta. 

  • Sanciones leves: Exceso de hasta el 2% de la Masa Máxima Autorizada (MMA)
  • Sanciones graves: Exceso entre el 5% y el 10% de la MMA 
  • Sanciones muy graves: Exceso superior al 20-25% de la MMA o más del 40% 
  • Multas económicas: Las multas pueden oscilar entre 301 € y 4.000 € dependiendo del tipo de infracción. 
  • Inmovilización del vehículo: En casos de infracciones graves, el vehículo puede ser inmovilizado hasta que se subsane los motivos de la infracción. 


El descanso tras un viaje de muchos km

Tras un viaje de muchos kilómetros, la importancia de descansar en un hotel se magnifica exponencialmente. No se trata solo de un techo sobre la cabeza, sino de una inversión esencial en el bienestar y la continuidad del viaje. El cuerpo, sometido a horas de inmovilidad o al estrés de la conducción, necesita una pausa profunda. Un hotel ofrece un santuario donde el cansancio acumulado puede disiparse, permitiendo la recuperación física y mental.

El descanso adecuado en un entorno confortable y seguro es fundamental para evitar la fatiga crónica, los dolores musculares y la disminución de la capacidad de concentración, factores que pueden comprometer la experiencia del viaje y la seguridad si aún quedan trayectos por recorrer. La cama confortable, el silencio relativo y la posibilidad de una ducha reparadora son lujos que marcan una diferencia sustancial en la calidad del descanso.

Además, un hotel proporciona la oportunidad de recargar energías, no solo físicamente, sino también emocionalmente. Permite desconectar del trajín del camino, reflexionar sobre lo vivido y prepararse mentalmente para el regreso. Es un respiro necesario que transforma un viaje largo de una prueba agotadora a una experiencia placentera y enriquecedora. En definitiva, elegir un hotel para descansar después de un largo recorrido es una decisión inteligente que prioriza la salud, la seguridad y el disfrute general del viaje.

Viajando de noche . . . me pasan estas cosas

Eran las 4 de la madrugada, carretera segundaria Benavente. Las luces de la furgoneta cortaban la oscuridad como cuchillos helados, reflejándose en el asfalto desierto. Cada kilómetro recorrido en esta carretera solitaria de la noche era una invitación al vértigo. El silencio, denso y opresivo, solo era roto por el ronroneo del motor, un sonido que, extrañamente, se sentía cada vez más ajeno. La mente, privada de estímulos externos, comenzó a tejer sus propias sombras.

Un escalofrío recorrió mi espalda, no por el frío, sino por la creciente certeza de no estar solo. Las formas borrosas en la periferia de mi visión parecían alargarse, tomar contornos imposibles. ¿Era el cansancio jugando trucos, o había algo más acechando en la negrura que se extendía más allá del alcance de los faros? Un crujido metálico, lejano pero persistente, me hizo frenar bruscamente. El corazón latía desbocado contra mis costillas. Miré por el retrovisor, esperando ver algún animal cruzando, pero solo encontré el vacío salpicado por las luces traseras y una silueta humana aterradora de mujer vestida con una túnica blanca que parecía mirarme fijamente   

El "Efecto miron"

El "Efecto Mirón" es un fenómeno psicológico que, en el contexto del tráfico, puede ser un factor desencadenante de accidentes. Este efecto describe la tendencia de las personas a fijar su mirada en un evento o situación inusual, a menudo trágica o peligrosa, sin poder apartar la vista. Cuando este evento ocurre en la carretera, como un accidente o un peligro inminente, los conductores que lo observan pueden desviar su atención de la conducción, lo que lleva a una falta de reacción ante los peligros actuales o futuros.

La mecánica detrás del Efecto Mirón en accidentes de tráfico es sencilla pero peligrosa. Un conductor ve un accidente a un lado de la carretera. Su instinto natural es mirar hacia la fuente de la perturbación, el accidente en sí. Mientras su atención está fijada en la escena del siniestro, su capacidad para percibir y reaccionar a otros vehículos, peatones, señales de tráfico o cambios en la vía se ve drásticamente reducida.

Esta distracción visual y cognitiva puede tener consecuencias graves. Un conductor distraído por el Efecto Mirón puede no notar que el tráfico delante de él se detiene bruscamente, que un peatón cruza inesperadamente, o que su propio vehículo se desvía de su carril. En muchos casos, el conductor que mira el accidente termina siendo parte del problema, provocando una reacción en cadena de colisiones.

Para mitigar el Efecto Mirón y sus peligros asociados, es fundamental que los conductores sean conscientes de este fenómeno. La clave reside en la autodisciplina y la concentración en la tarea de conducir. Si bien es natural sentir curiosidad, priorizar la seguridad propia y la de los demás implica apartar la vista del evento perturbador lo antes posible y centrarse completamente en la carretera. La práctica de la conducción defensiva, que incluye mantener una distancia de seguridad adecuada y estar constantemente alerta al entorno, también ayuda a contrarrestar los efectos de esta distracción. Las autoridades de tráfico a menudo instan a los conductores a no detenerse ni reducir la velocidad para observar accidentes, sino a continuar su camino de forma segura para evitar contribuir a la congestión y a nuevos incidentes.

La apuesta inesperada

Recibí la llamada de un chico que necesitaba ayuda con una mudanza. No era muy cerca, pero a esas horas tempranas ya estaba acostumbrado a salir de viaje. Al llegar, me encontré con Carlos, un tipo simpático, educado y, para colmo, con la pinta de ejecutivo exitoso que siempre parece tener toda la vida resuelta. Mientras cargábamos cajas, supe que iba a ser un viaje interesante. 

A medida que avanzábamos por la carretera, la conversación fluyó como si nos conociéramos de toda la vida. Hicimos una parada para desayunar, y Carlos insistió en pagar. Entre risas y anécdotas, le mencioné que el fútbol no era lo mío en absoluto. "Hoy juega el Real Madrid", dijo con entusiasmo, y yo solo asentí, como quien finge interesarse en un documental sobre la vida secreta de las plantas.

De repente, me lanzó una pregunta que cambió el rumbo del viaje: "¿Te gustan las apuestas?". Pensando que se refería a algo simple, le respondí que no me gustaban, pero por darle un poco de emoción al asunto, le propuse una apuesta de cena: si el Madrid perdía, él me invitaría a cenar y si ganaba, yo pagaría la cena.
Carlos, con una chispa en los ojos, decidió subir la apuesta: "Si gana el Madrid, no te pagare el viaje" (que costaba 600 €), "y si pierde, te pagaré 1.200 €". ¡Madre mía! La gente debía pensar que yo estaba loco, pero en lugar de salir corriendo de ahí, acepte.

Pusimos la radio y, mientras escuchábamos el partido, me sentí casi como un comentarista deportivo. Los minutos pasaban, yo sonreía al escuchar cómo el equipo contrario metía un gol, y Carlos tenía la mirada de un niño que le arrebatan su juguete favorito. Cuando terminó el partido y confirmé que había ganado la apuesta, no sabía si reír o llorar por mi nuevo amigo.

Llegamos al destino, descargamos las cajas y, al llegar el momento de pagarme, Carlos me dio la mano y, con una sonrisa de resignación, me entregó los 1.200 € pactados. Quise invitarlo a cenar pero me dijo que estaba cansado y que tenía que ordenar las cajas.
Así que ahí lo dejé, un auténtico caballero, y yo, un tío con una anécdota increíble y una sonrisa en el rostro. A fin de cuentas, nunca sabes qué sorpresas te traerá una mudanza. 

El peaje mas caro de España

Tomando como referencia el precio para turismos y motos, el peaje más caro de España es el de la AP-68 que une Bilbao y Zaragoza. Conocida como la autopista vasco-aragonesa, recorre casi 300 kilómetros y tiene 21 barreras: después de la subida aplicada en 2024, pasar por todas ellas tiene un precio total de 37,25 euros.

Pasos para cargar correctamente una furgoneta

1. Planifica antes de cargar

Antes de empezar a meter objetos:

  • Haz un inventario de lo que vas a transportar
  • Estima el peso total de la carga
  • Verifica que no superas la carga máxima de la furgoneta
  • Prepara los sistemas de sujeción de carga necesarios

2. Coloca los objetos más pesados primero

La regla de oro es: los objetos más pesados van abajo y centrados.

  • Sitúa la carga pesada sobre el eje trasero o ligeramente por delante
  • Nunca coloques todo el peso en la parte posterior extrema
  • Los objetos pesados deben ir lo más cerca posible del suelo

3. Distribuye el peso de forma equilibrada

El peso debe repartirse de manera uniforme:

  • Lado izquierdo y derecho: Equilibra el peso en ambos lados
  • Parte delantera y trasera: El 60% del peso debe ir en la mitad delantera del espacio de carga
  • Altura: Mantén el centro de gravedad lo más bajo posible

4. Asegura la carga correctamente

Una carga suelta es extremadamente peligrosa. Utiliza:

  • Cinchas de amarre: Para sujetar objetos grandes
  • Redes de carga: Ideales para objetos pequeños múltiples
  • Barras antideslizantes: Para evitar que la carga se mueva
  • Mantas y protectores: Para evitar daños y roces

Cliente borracho

Era un día como cualquier otro cuando recibí la llamada de una mujer para hacerle una pequeña mudanza. Después de negociar el precio y acordar una hora, me despedí con la esperanza de que todo saldría bien. Le pedí que por favor fuera puntual y tuviera todo listo, pero, como suele pasar, la vida siempre tiene otros planes.
Llegué a la hora acordada, con mi furgoneta reluciente y lista para cargar. Miré el reloj, y tras un par de minutos, comencé a pensar que tal vez estaba en la película equivocada, porque no había ni rastro de la mujer. Así que decidí llamarla. Marqué su número con la fe de solucionarlo pero no me atendió a mi llamada.

Pasaron 15 minutos de espera, y justo cuando pensaba que era un buen momento para irme, vi que se acercaba una figura tambaleándose. Era como un espectáculo de circo: una mujer que se movía de lado a lado, desorientada como un pato en un maratón. Me acerqué, intentando descifrar si esa era mi cliente o simplemente un nuevo método de ejercicio.
"Hola, ¿eres la chica a la que tengo que hacer la mudanza?", le pregunté, y ella asintió mientras se balanceaba. Como si estuviera en una competencia de yoga extremo, trataba de mantener el equilibrio agarrándose a la barandilla del portal.
"¿Estás bien?", le pregunté, y su respuesta fue un contundente "sí", que sonó más a pregunta que a afirmación. Después de eso, se me ocurrió recordarle que llevaba 15 minutos de retraso, no tenía nada preparado y, lo más importante, parecía haber tenido una fiesta con sus amigos...

Obviamente, decidí que no era un buen día para ser caritativo. "No puedo permitir que subas a mi furgoneta así", le dije. Ella me miró con los ojos desorientados, mientras intentaba no caerse.

Y así, me fui. No solo perdí el porte, sino que también el tiempo, el gasoil y, sobre todo, la paciencia. Reflexionando, pensé: ¿Qué hubiera pasado si le hubiera hecho la mudanza? ¿Se habría caído por las escaleras, o buscado el destino en un mapa que no existía? ¿Se habría caído al subir o bajar de la furgoneta?

 En fin, otra anécdota más en mi libro de locuras. ¡Quién necesita televisión cuando tienes vida real! 

Buenas noches, dígame

Eran las 4 de la madrugada cuando sonó el teléfono. Me despertó de un sueño tan profundo que podría haber competido con un oso en hibernación. Había caído en brazos de Morfeo a las 12 de la noche tras un largo y agotador viaje; todo mi cuerpo pedía compasión, pero el destino parecía tener otros planes. 

Al contestar, el miedo se apoderó de mí: a esa hora, no hay buenas noticias, solo pensamientos oscuros sobre familiares, accidentes o tragedias. Así que, entre la confusión y el miedo, logré articular un "Buenas noches, dígame...".

Al otro lado, una chica respondió con una voz fresca y animada: "¡Buenas noches! Quería pedirte precio para una mudanza de Oviedo a Barcelona". A esas alturas, yo todavía seguía pensando que sería algo urgente, quizás para hacer la mudanza a la mañana siguiente muy temprano. Con un esfuerzo monumental para mantener los ojos abiertos, le respondí educadamente mientras me levantaba torpemente de la cama, como si fuera un zombie recién despertado.

Decidí prepararme un café, mientras intentaba seguir la conversación. La chica parecía realmente interesada y aunque yo estaba al borde de cerrar los ojos, le di un presupuesto y estuvimos hablando durante unos quince minutos como si estuviéramos planeando un viaje intergaláctico. Todo bien, hasta que llegó la pregunta clave que me dejó completamente boquiabierto.

"¿A qué hora quieres salir de viaje?" le pregunté, esperando una respuesta que justificara mi desvelo. Y entonces, la respuesta llegó como un balde de agua fría: "No, no me corre prisa, sería para dentro de 2 meses".
tarde unos segundos en procesar el nivel de falta de consideración que acababa de experimentar. Miré al teléfono con cara de póker, incapaz de encontrarle sentido a tal acto.

Con un suspiro profundo y una pizca de indignación, cerré nuestra conversación: "Mira, bonita… no son horas para llamar sobre una mudanza que tienes que realizar en 2 meses. Llámame un par de días antes para organizarlo, pero por favor, llámame en un horario prudente, pues tengo vida".
Al colgar, solo podía reírme de la situación. Bueno, esto no fue la primera vez y, sinceramente, no creo que sea la última.

  

La vieja bruja


Era un día como cualquier otro cuando recibí la llamada de una señora mayor que necesitaba ayuda con su mudanza. "No te preocupes, querido, solo son unas cajas, un televisor y un tendal de ropa", me dijo con esa voz dulce que a veces oculta las intenciones más oscuras. Quedamos en que tendría todo listo en el portal cuando yo llegara. Claro, todo sonaba tan sencillo, ¿verdad?

Al llegar, me encontré con que la señora había cumplido su promesa: ahí estaban sus pertenencias, bien ordenadas en el portal. No era mucho, así que cargamos todo a la furgoneta sin problemas. Durante el trayecto, charlamos cordialmente, bromeando sobre las pesadeces que trae consigo cualquier mudanza. Ella no escatimó en halagos, "Eres muy económico, muy majo, muy simpático... ¡Y hasta atractivo!", dijo. ¡La mujer me estaba haciendo sentir como un modelo de revista! Pero claro, nunca un buen halago es gratuito, así que mantuve mis antenas bien alerta.

Llegamos al destino y comenzamos a descargar. Todo iba de maravilla, hasta que la señora miró a su alrededor con una expresión de horror y exclamó: "¿Dónde está mi ordenador?". En ese momento, el cielo se oscureció y en mi cabeza sonaron campanas de alarma. "Señora, usted metió todo conmigo y yo no vi ningún ordenador. Seguramente lo olvidó en casa", le respondí, tratando de mantener la calma. Y es que, amigos, tengo tantos años de experiencia en esto que puedo reconocer una estafa desde muchos kilómetros de distancia.

Sin embargo, la señora empezó a levantar la voz como si estuviera en medio de un juicio. "No te voy a pagar, tú me has robado el ordenador". ¿En qué momento se había transformado de dulce abuelita a villana de telenovela? Yo, mientras tanto, flipando: "Pero señora, mi furgoneta no tiene magia, ni mucho menos fantasmas. Si hubiera habido un ordenador, lo habría visto".

Ya empezaba a cansarme de su teatrillo y decidí ponerle un alto: "Señora, o me paga ahora mismo o llamo a la policía". Su respuesta fue aún más sorprendente: "Pues yo llamaré a la policía si no me compras un ordenador". Ahí me di cuenta de que estaba claramente ante una vieja bruja que no entendía de que iba esto  y que no se puede estafar a un transportista que vive al día.

Entonces, saqué mi teléfono móvil, listo para marcar el número de la policía. Estaba decidido a que no se saliera con la suya. Fue en ese preciso instante cuando la señora, visiblemente nerviosa, gritó: "Cuelga, cuelga, no llames, cuelga y te explico". Si esto hubiera sido una película, habría sido el momento de la revelación dramática.

"Espera", dijo, "no hay ningún ordenador, era todo mentira. Solo quería que dieras parte al seguro para que me compraran uno o que me lo compraras tú". Perdona, ¿qué? La señora tenía más inventiva que un guionista de Hollywood. "Te pido perdón, te pago ahora mismo, pero no llames a la policía", continuó, mientras su rostro se tornaba del color de un tomate maduro.

Le dije, con una sonrisa irónica: "Eres una vieja bruja sinvergüenza. Si quieres estafar, hazlo a un rico o a un banco, pero no a un pobre transportista que lucha por llegar a fin de mes". Al final, sacó su cartera, muerta de vergüenza, y me pagó el traslado.
Así es la vida, amigos. ¡Hasta la próxima aventura! 

La aventura de la dirección


Hay algo que me sucede con una frecuencia inquietante, y honestamente, me deja boquiabierto. Imagínate esto: estoy en mi rutina diaria, listo para ayudar a un cliente con su mudanza. Hablamos del precio, de los detalles del porte, ¡todo va viento en popa! Pero entonces, llega el momento crítico: necesito la dirección exacta donde debo recoger los bultos.

Le digo, "Dime la calle y el número". Y aquí es donde la cosa se complica. El cliente, en lugar de soltarme la información que necesito como si fuera una bomba de tiempo, empieza a darme referencias como si estuviera escribiendo un poema. "Es justo al lado del banco BBVA". Claro, amigo, porque eso me ayuda un montón. ¿Y el número, lo sabes?

Luego viene la gran revelación: "Hay una frutería al lado". Vale, genial, ya sé dónde conseguir un buen plátano, pero eso no me dice nada. Intento mantener la calma y le pregunto: "¿Pero me puedes dar el nombre de la calle y el número, por favor?". Y aquí empieza la parte divertida: "Es la calle que está paralela a tal calle". Yo ya estoy al borde de la desesperación, preguntándome si vivo en una dimensión paralela donde las direcciones son solo sugerencias.

Finalmente, tras una serie de giros dignos de una novela de misterio, el cliente dice: "Tranquilo, tranquilo... la calle se llama Tal y el número es Tal". Por fin, la luz al final del túnel. Pero, ¿por qué no empezamos por ahí? ¿Es tan difícil dar la información exacta desde el principio? Necesito mi GPS, no un tour turístico por su barrio.
Así que aquí estoy, con una mezcla de risa y frustración. Porque, sinceramente, aunque me saque de quicio, estas pequeñas aventuras son las que añaden sabor a mi trabajo. Al final del día, me pregunto: ¿seré el único que se enfrenta a esta odisea de direcciones? ¡Paciencia, señor! 

La chica que no tenia memoria

Un día cualquiera, recibí una llamada de Axina, una joven extranjera simpática y educada que necesitaba ayuda para trasladar algunas cajas dentro de la ciudad. La mudanza parecía sencilla y acordamos un precio de 50 euros. Así me pareció amable y la conversación fue agradable, así que no dudé en ayudarla.

El trabajo duró casi dos horas. Cargamos y descargamos las cajas con cuidado; ella estaba atenta y agradecida. Sin embargo, al finalizar, cuando le pedí el pago, me sorprendió decirme que no tenía el dinero. "Me olvidé la cartera", explicó apenada. Le aseguré que no pasaba nada y que podía abonármelo al día siguiente, ya que volvería por esa zona. Ella aceptó sin problemas.

La experiencia me dejó un mal presentimiento, pero decidí darle el beneficio de la duda. Al día siguiente, estando cerca de su casa, la llamé para cobrar, pero ella no contestó y pronto supe que me había bloqueado. Sentí una mezcla de decepción y frustración por su actitud.

Meses después, mientras trabajaba otra vez cerca de su casa, la vi conversando con un chico. Me acerqué y la saludé: "Hola, Axina, ¿te acuerdas de mí?" Ella fingió no acordarse, pero yo no olvidaba los 50 euros que me debía. Sin decir una palabra más, sacó su cartera y me pagó al momento. Me fui sin despedirme, con la sensación amarga de haber confiado demasiado.

Clientes como ella son difíciles de olvidar, pero esta experiencia me enseñó que la honestidad debe ser el primer valor en cualquier trato. Si alguien quiere engañar a los demás, tal vez lo mejor sea regresar a donde proviene y empezar de nuevo, pero siempre con dignidad.

El sueño y los monstruos en la carretera

Era una noche oscura y estrellada, ideal para disfrutar de un viaje por carretera. Conducir durante mucha horas seguidas parecía un plan perfecto, me quedaban 980 kilómetros para llegar a mi destino. Hasta que las primeras señales de cansancio comenzaron a asomar. Al principio, solo eran esos pequeños parpadeos en los ojos, como si mi cuerpo estuviera intentando decirme: "¡Oye, amigo! ¿No crees que es hora de una pausa?"

Pero, claro, ser yo, el aventurero intrépido que desafía al destino, decidí ignorar las advertencias. Después de todo, tenía música, un buen café y la promesa de llegar a mi destino antes del amanecer. Sin embargo, las cosas empezaron a ponerse raras cuando vi, en el borde de la carretera, lo que juraría era un árbol bailando salsa.

"¡Mira eso!" exclamé a voz en cuello, mirando por la ventanilla. "Es un árbol a la moda. ¡Le debo una foto!"
Continué conduciendo, pero el baile de árboles no fue el único espectáculo de esa noche. Más adelante, me encontré con criaturas que parecían sacadas de una película de terror de bajo presupuesto. Primero, fue la entrada de un túnel que se transformó en un monstruo gigante (aún no he entendido cómo sucedió), y luego, unas sombras danzantes que parecían tener su propia fiesta en el medio del bosque.

"¡Mira esos monstruos!" "Este lugar está lleno de ellos, ¡y son malos bailarines!" Por alguna razón, era el momento de parar, tenia que descansar y echar una cabezadita, mientras las sombras seguían moviéndose de manera torpe a mi alrededor.
Pero esperen, eso no es todo. También estaba la misteriosa figura de un hombre encapuchado que apareció de la nada en el camino. Pensé: "¡Esto es demasiado! Mi mente ya no puede distinguir entre la realidad y mis sueños". Así que para calmar la situación decidí parar inmediatamente.

Finalmente, agotado y con los ojos pesados como ladrillos, vi la señal de salida. "¡Libertad!" Encontré un área  de descanso y mientras mantenía los ojos en la carretera, sin saber si los árboles realmente estaban bailando o si era solo mi imaginación. Así que, si alguna vez te encuentras conduciendo de noche y ves cosas raras, recuerda: tal vez solo necesites parar, descansar un poco y dejar que los monstruos tengan su momento. ¡Hasta la próxima aventura! 

En la vasta y a veces desoladora extensión de nuestras carreteras, hay un fenómeno inexplicable que deja a muchos rascándose la cabeza. No, no estoy hablando de los Ovnis. Estoy hablando de esos coches y camiones que, sin previo aviso, deciden adherirse a nuestra parte trasera como si fueran amigos inseparables en una fiesta. 

¿Qué pretenden? ¿Tienen un pacto secreto que nos desconocemos?
Primero, está el típico cochecito compacto, ese que no podría superar la velocidad de un caracol si lo intentara. Pero claro, detrás de ti, se siente como si llevara un cohete. Te aprieta tan cerca que podrías jurar que ves su reflejo en tu espejo retrovisor. Tal vez piensa que es un juego de "¿quién puede estar más cerca?", pero yo solo quiero llegar a casa sin terminar en una serie de accidentes por la locura de otro.

Luego están los camiones, esos mastodontes de metal que parecen tener una misión personal. Se acercan lentamente, como si quisieran decir: "¡Hola! Soy un camión y estoy aquí para arrebatarte tu espacio personal!". Solo faltaría que me pasen una tarjeta de presentación junto con un bloqueador solar, porque, sinceramente, me siento en el centro de una tormenta de estrés.

Y no olvidemos a los que, en su afán por "apegarse", se olvidan de la inmensa ley de la física que dice que cuanto más rápido vas, más espacio necesitas para detenerte. Es como si pensaran: "¡Pero si tengo frenos!". Claro, amigo, lo que no tienes es un sentido de la distancia.
Así que, la próxima vez que te encuentres con un coche o camión pegado a tu trasero, recuerda que probablemente están ahí para darte una lección sobre la importancia del espacio personal… o simplemente para ser parte de tu historia de carretera. ¡Un brindis por ellos!